Mi columna del 31 de mayo en EL TIEMPO

Paloquemao

Foto:Plaza de mercado de Paloquemao

Hace un tiempo, me reencontré con el paraíso, con un lugar sorprendente e inimaginable, lleno de colores, sabores, olores, texturas, gente linda, cálida y sencilla. Un lugar solidario, sonriente, vibrante. Un lugar en el que se vive intensamente la riqueza y biodiversidad colombiana. Un lugar que abruma a los extranjeros. Un lugar donde hasta los más encopetados y los más humildes se encuentran y comparten. Un lugar mágico. Me reencontré con las plazas de mercado.

Si desea conocer a fondo nuestro país, no es si no que se adentre y recorra los pasillos de cualquier mercado colombiano y mejor aún, si se pierde por los puestos de las papas, las remolachas, las hierbas, los plátanos y el bagre. Podrá reconocer nuestra variedad de climas, de acentos, de tierras, de ríos y de mares que es invaluable. Y ni hablar de su gente, trabajadora, comprometida y portadora de los sabores básicos, los esenciales de nuestra amplia gastronomía.

Plazas de mercado en Colombia hay por doquier, en cualquier pueblo, ciudad o región, y son tan variopintas y auténticas como lo es nuestra cocina. Para ir, lo único que necesita además de efectivo, es armarse con su mejor sonrisa y dejarse llevar por la tentación de probar alguna fruta o verdura desconocida, o una arepa, o un tamal, o cualquiera de sus sopas, o por el simple placer de recordar sabores de la infancia. Pero atención, no se le ocurra, ni por equivocación, meterle el dedo a un aguacate, una chirimoya o una guanábana, para comprobar si están maduras, por que se encontrará con alguien muy embejucado, al que se le quitará la amabilidad de un sopetón. Todos los ingredientes son tratados con cariño y devoción, no solo porque se trata del sustento diario, sino porque además hay un auténtico respeto por los alimentos, por sus raíces y cosechas, por quien lo cultivó, sembró o pescó. Simplemente converse, confíe y deje que le guíen con el mejor producto. Tenga la certeza, de que la calidad de los alimentos que encontrará en nuestras plazas, no la ofrecen en ningún supermercado de cadena, ni hablar de los precios y la variedad.

Queridos amigos, los invito a que vivan la experiencia de mercar en una plaza colombiana, les garantizo que saldrán felices, llenos de alegría, con increíbles ingredientes para cocinar en familia y con ganas de volver. Buen provecho.

De postre: Hambre, el libro del argentino Martín Caparrós, desgarrador, incómodo y tan terriblemente doloroso como real.