POMBO

Hoy el doodle de google está dedicado a conmemorar los 180 años del nacimiento de Rafael Pombo, uno de los más importantes escritores de literatura infantil y poeta colombiano.
Rafael Pombo nació en Bogotá, el 7 de noviembre de 1833, fue poeta, escritor, fabulista, traductor, intelectual, crítico de arte y diplomático colombiano. Sus cuentos para niños son un gran clásico de las letras colombianas. Falleció en la misma ciudad en 1912.

Comparto estos fragmentos culinarios que encontré en algunos de sus maravillosos cuentos. Buen Provecho.

La Pobre Viejecita
Erase una viejecita
Sin nadita qué comer
Sino carnes, frutas, dulces,
Tortas, huevos, pan y pez.
Bebía caldo, chocolate,
Leche, vino, té y café,
Y la pobre no encontraba
Qué comer ni qué beber.

Doña Panfaga o el Sabelotodo
Según díceres públicos doña Pánfaga hallábase hidrópica
o pudiera ser víctima de apoplético golpe fatal,
su exorbitante estómago era el más alarmante espectáculo,
fenómeno volcánico su incesante jadear y bufar.
Sus fámulos y adláteres la apodaban Pantófaga Omnívora,
gastrónoma vorágine que tragaba más bien que comer,
y a veces suplicábanle (ya previendo inminente catástrofe)
“Señora doña Pánfaga, véase el buche, modérese usted”,
ella daba por réplica: “¿A qué vienen sermones y escándalos?
mi comida es el mínimum requisito en perfecta salud.
“Siéntome salubérrima y no quiero volverme un espárrago,
un cínife ridículo, un sutil zancarrón de avestruz.
¿Esta panza magnífica la encontráis por ventura estrambótica?
¿Hay pájaros más ágiles? ¿hay quien marche con tal majestad?
Mi capacidad óptima no consiente un vulgar sustentáculo”.
“Vuestras zumbas y prédicas son de envidia: ¡en buen hora rabiad!”
Y prosiguió inpertérrita la garbosa madama Heliogábalo
a ejércitos de víveres embistiendo con ímpetu audaz,
hasta que, levantándose de una crápula clásica, opípara,
sintió cólico y vértigo, y “¡el doctor!” esclamó la voraz.

Mirringa Mirronga
Mirringa Mirronga, la gata candonga
va a dar un convite jugando escondite,
y quiere que todos los gatos y gatas
no almuercen ratones ni cenen con ratas.
“A ver mis anteojos, y pluma y tintero,
y vamos poniendo las cartas primero.
Que vengan las Fuñas y las Fanfarriñas,
y Ñoño y Marroño y Tompo y sus niñas.
“Ahora veamos qué tal la alacena.
Hay pollo y pescado, ¡la cosa está buena!
Y hay tortas y pollos y carnes sin grasa.
¡Qué amable señora la dueña de casa!
“Venid mis michitos Mirrín y Mirrón.
Id volando al cuarto de mamá
Fogón por ocho escudillas y cuatro bandejas
que no estén rajadas, ni rotas ni viejas.
“Venid mis michitos Mirrón y Mirrín,
traed la canasta y el dindirindín,
¡y zape, al mercado!
que faltan lechugas y nabos
y coles y arroz y tortuga.
“Decid a mi amita que tengo visita,
que no venga a verme, no sea que se enferme
que mañana mismo devuelvo sus platos,
que agradezco mucho y están muy baratos.
“¡Cuidado, patitas, si el suelo me embarran
¡Qué quiten el polvo, que frieguen, que barran
¡Las flores, la mesa, la sopa!… ¡Tilín!
Ya llega la gente. ¡Jesús, qué trajín!”.
Llegaron en coche ya entrada la noche
señores y damas, con muchas zalemas,
en grande uniforme, de cola y de guante,
con cuellos muy tiesos y frac elegante.
Al cerrar la puerta Mirriña
la tuerta en una cabriola se mordió la cola,
mas olió el tocino y dijo “¡Miaao!”
¡Este es un banquete de pipiripao!”
Con muy buenos modos sentáronse todos,
tomaron la sopa y alzaron la copa;
el pescado frito estaba exquisito
y el pavo sin hueso era un embeleso.
De todo les brinda Mirringa Mirronga:
– “¿Le sirvo pechuga?” –
“Como usted disponga,
y yo a usted pescado, que está delicado”.
– “Pues tanto le peta, no gaste etiqueta:
“Repita sin miedo”.
Y él dice: – “Concedo”.
Más ¡ay! que una espina se le atasca indina,
y Ñoña la hermosa que es habilidosa
metiéndole el fuelle le dice: “¡Resuelle!”
Mirriña a Cuca le golpeó en la nuca
y pasó al instante la espina del diantre,
sirvieron los postres y luego el café,
y empezó la danza bailando un minué.
Hubo vals, lanceros y polka y mazurca,
y Tompo que estaba con máxima turca,
enreda en las uñas el traje de Ñoña
y ambos van al suelo y ella se desmoña.
Maullaron de risa todos los danzantes
y siguió el jaleo más alegre que antes,
y gritó Mirringa: “¡Ya cerré la puerta!
¡Mientras no amanezca, ninguno deserta!”
Pero ¡qué desgracia! entró doña Engracia
y armó un gatuperio un poquito serio
dándoles chorizo de tío Pegadizo
para que hagan cenas con tortas ajenas.

Simón el Bobito

Simón el bobito llamó al pastelero:
¡a ver los pasteles, los quiero probar!
-Sí, repuso el otro, pero antes yo quiero
ver ese cuartillo con que has de pagar.
Buscó en los bolsillos el buen Simoncito
y dijo: ¡de veras! no tengo ni unito.

A Simón el bobito le gusta el pescado
Y quiere volverse también pescador,
Y pasa las horas sentado, sentado,
Pescando en el balde de mamá Leonor.

Hizo Simoncito un pastel de nieve
Y a asar en las brasas hambriento lo echó,
Pero el pastelito se deshizo en breve,
Y apagó las brasas y nada comió.

 

rafaelpombo